Durante los últimos 35 años, los argentinos o estuvimos sometidos a brutales gobiernos de facto o fuimos a votar con la esperanza puesta en que el próximo gobierno fuera mejor que el anterior, que los dirigentes pensaran un poco menos en los menos y un poco más en los más, que no nos mintieran, que no se burlaran de nuestras ilusiones. Y siempre fuimos defraudados. Claro, a medida que la enfermedad avanza es cada vez más difícil detenerla.
Pero entonces llegó alguien. Alguien apenas conocido. Alguien que asumió la presidencia en medio de la desconfianza y la desilusión de casi todos. Un Hombre con mayúscula. Un hombre capaz de sumar voluntad y coraje, pasión y sinceridad. Y ese hombre nos cambió la vida, nos hizo creer y esperar otra vez.
Pero entonces llegó alguien. Alguien apenas conocido. Alguien que asumió la presidencia en medio de la desconfianza y la desilusión de casi todos. Un Hombre con mayúscula. Un hombre capaz de sumar voluntad y coraje, pasión y sinceridad. Y ese hombre nos cambió la vida, nos hizo creer y esperar otra vez.
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